viernes, 20 de julio de 2012

Un día de ramadán a través de mis ojos



En un día de Ramadán cuando éste es en verano… la ciudad se despierta lentamente, tan lentamente que uno puede llegar a pensar que la naturaleza se equivocó, que salió el sol en la noche o que un extraño huracán apagó la ciudad.  Pero la ciudad finalmente despierta y finalmente consigue su normalidad. La sensación primera que causa un día de ramadán es que el día tiene muchas horas, demasiadas para pasarlas esperando, porque eso es lo que hace el musulmán en un día de Ramadán, esperar, – sobre todo el que está exento de cocinar que suele ser el hombre, otrora nada novedoso-.   Conforme avanza el día dos tipos de lugares que se van repletando de gente, las tiendas, sobretodo de alimentos, y las escasas sombras bajo los escasos árboles.

El mercado se torna un despliegue de alimentos que son más tentadores cuanto más avanza el día. Los puestos callejeros exhiben botellas de zumo que nunca en los meses anteriores fueron reclamo, y ahora lo son, y los flanes y los yogures aparecen en la venta ambulante, en vez de los relojes habituales en otros meses del año lunar, y mientras el paseante salta flanes por la calle se va dirigiendo poco a poco hacia las pastelerías que se adornan de torres altísimas en formas de conos de dulces de ramadán, con la sbakya como reina de la fiesta, un dulce de harina, mantequilla y sésamo, bañado en miel y con una forma que podría ser una flor o cualquier otra forma imposible. Y las horas se llenan comprando como en un ritual de deseo. Que se rían los directores de marketing y los product managers occidentales que no han sabido crear una costumbre  tan potente que hace de la sed y el hambre el mejor aliado de la venta. Hay negocios que hacen su agosto con el Ramadán… una navidad de un mes entero…”más quisiera occidente”.  No en vano los consejeros de economía doméstica aconsejan no ir a comprar con  hambre, consejo incumplible en este contexto.

Y luego la ciudad se llena de paseantes dejados llevar por un ritual que suelen llamarlo “traer el Magrib”. El Magrib es la hora en la que ya es permitido comer. Hasta ese momento una amalgama de paseantes con bolsa con alimento en la mano, da vueltas y vueltas, algunos con la cabeza en los pies, algunos buscando con quien enfadarse, algunos sin mirada, algunos con mirada afilada, otros con una risa fácil a veces sin sentido, todos con hambre y con sed. Lo único que es incuestionable en todos Marruecos es que hay que esperar al Magrib para comer, para beber. Una hora antes del magrib las calles son una pista de carreras, todo el mundo estará en sus casas en torno a la mesa redonda, todo el mundo a la misma hora, todas las leyes de la ciudad se convierten en una, llegar puntual a casa para la rotura del ayuno, “no se contemplaran los desperfectos ocasionados para conseguirlo”.  Así, cada día, del 1 al 30 día de ramadán. Con este ejercicio se quiere significar que cada uno viva en su interior lo que es la pobreza, lo que es tener hambre… ,en general, es una abstinencia, desde el alba hasta la puesta del sol,  de todo aquello que rompa el ayuno; bebida, comida o relaciones carnales y los cambios de ánimo exagerados….!!!! yyyyy…de estooooo….me acabo de enterar….!!!! todo ello para buscar un estado de paz que promueva el estado de conciencia Divina…..supongo que debe haber un grupo disidentes de lo dicho anteriormente pues hay más de uno que se deja caer encima del inocente conductor que frenó cuando no debía con tal insolencia que no parece un culto a nada divino, más parece una posesión demoniaca…sin embargo, en el buen entendimiento de lo que es el ramadán, el estado de ánimo de la languidez del hambre te transporta a un estado de ánimo de decaimiento que se parece bastante a la paz interior….

En la cocina hace horas que se prepara al ftor (desayuno)…las mujeres de la casa hace rato que están organizadas, una lava, otra pela, una trocea y la otra condimenta…mientras la charla es interminable, la risa es fácil, el hambre terrible y la cocinera aprende a tocar sin comer, a cocinar con esmero y lentitud dándole a cada alimento una comunión extraña con el universo y cada alimento es mimado como un bebé y tallado y presentado con geometría perfecta, la geometría del deseo básico del instinto de comer.

La harira es una sopa que tiene que resucitar al famélico, lleva legumbres, ternera, fideos, verduras como;  tomate, cebolla, apio y condimentos como perejil, cilantro, jengibre, pimienta y cúrcuma. Es una sopa que requiere su tiempo de cocción de tal manera que dos horas antes del ftor las escaleras,  los portales y las calles empiezan a emanar el aroma objeto de deseo del consternado ayunador. En la mesa no deben faltar los dátiles, los higos frescos, o secos, y dulces y zumos de naranja, de naranja con zanahoria, batidos de fresa y de aguacate y flanes y puede que haya pastela (una empanada rellena de pollo, huevos, pasas y piñones con un toque de agua de azahar) y más y más dulces y todo perfectamente colocado en su platillos, y la harira en un cuenco redondo que significa la unidad, la comunión de juntarse todos en familia a disfrutar del ftor, y siempre a la misma hora solar….durante treinta días, aunque a diferentes horas de reloj, uno se sienta a comer siempre con la misma luz…pero la cocina también ha albergado la cena y trozos de carne, de ternera, de cordero,  han ocupado toda la tarde las otras ollas, carne acompañada de albaricoques, secos, de membrillos, de ciruelas y sésamo. Todo el proceso de cocinar puede ocupar tranquilamente tres o cuatro horas.

Esa espera hace que uno pueda oír los cascabeles de un dios dentro de sí, cuando la llamada a la oración del magrib permite sentarse a comer, contrario a lo que se puede pensar, comer de forma plácida, pues un estómago sometido al ayuno encuentra en la prisa por comer a su enemigo. Y así  es como el noveno mes, el que se llama ramadán,  da paso a noches largas, con calles llenas de gente, con tiendas abiertas hasta más allá de la media noche, con la alegría de las reuniones familiares y de amigos, el noveno mes, el mes de ramadán, las familias alejadas se acercan a sus zonas de origen, las familias se juntan y la vida transcurre en un compartir especial. Y la noche se convierte en una maratón de comer y de hidratarse - que no beber, por los mal pensados…- y todo así hasta las 4 de la madrugada (cito la hora de tal día y tal año cómo y que no todos los días, ni todos los años es a la misma hora)  que en la ciudad de Tetuán suena un cañonazo y luego a lo lejos se oyen los cánticos de alegría del ramadán que se extienden una media hora hasta que la llamada de la primera oración del día que anuncia el alba vuelve a dejar a los mortales sin el derecho a satisfacerse en sus cuestiones más básicas.

Más allá, de que una no puede superar la idea de lo absurdo que no beber agua cuando el termómetro marca más de 40º todo lo demás tiene su magia.


http://www.canalcocina.es/receta/sopa-harira

viernes, 15 de junio de 2012

Volviendo al pan negro

Economia de subsistencia en Oued Lou (África)
En estos tiempos en que la televisión habla con normalidad de temas de economía como si todos los oyentes hubiéramos estudiado en la London School of Economics, he desayunado en un pequeño bar de reciente apertura, uno de esos negocios que se están abriendo, de familias que han capitalizado el paro para probar de ganarse el pan vendiendo pan y poniendo cuatro mesas para cafés y tecitos con la esperanza de no pasar más hambre de la necesaria. Y tras comprobar que hoy, en el periódico, viene una sola oferta de trabajo a la que no puedes optar si no tienes buena presencia,  irónicamente, me han entrado ganas de empezar a pensar con optimismo. 

Optimismo, porque en el peor de los escenarios uno puede acabar como agricultor  de antaño, haciendo de ocupa en un trozo de tierra abandonado y sembrando para comer y mimando cuatro gallinas para que nos echen los huevos que nos proporcionen la proteína para nuestras familias. ¿Y qué?, resulta que los movimientos más modernos como el slow food y las tendencias de consumo km 0 y otra variedad de religiones de la alimentación, ya promulgan comer productos básicos y huir de los elaborados e industriales,  y abastecernos con las peras de nuestros huertos cercanos (perdón, por esta simplificación, seguro que muy burda para los profetas de estas religiones) y además ¡¡¡¡ahora recomiendan el pan negro!!!, del cual mi padre hablaba siempre cuando hablaba de los tiempos de miseria de la post-guerra. 

Optimismo,  porque muchos se han visto abocados a no trabajar, por los habituales recortes en la empresa, y a manejar en sus vidas un montón de tiempo libre, cuando hace unos años, en los ochenta y noventa, había que ser un hippie valiente y osado para comulgar con el movimiento downshifting por el cual ejecutivos apóstoles de sus empresas se daban cuenta que entre tanto trabajar y tanto venerar al dios dinero, se les estaba pasando la vida sin darse cuenta y decidían trabajar con menor responsabilidad  y trabajar menos. Es decir, que la peor circunstancia en que nos deja esta crisis,  nos arrojaría a volver a mirar a la naturaleza como nuestra fuente de vida, a no consumir tanto plástico y a vivir en un mundo de escala más humana, donde pedir ayuda y ayudar sería el único camino de salvarse. Ni que decir tiene que no es lo mismo elegir un camino por voluntad propia (como los downshifters) a qué te lo brindé una mañana fría, de repente, un jefe entrenado para decirte lo más suave posible que los números no salen y que vas directo a subir las estadísticas del paro. Pero puede que la peor de las opciones haya que convertirla en una oportunidad para un mundo mejor, más lento, con más racionalidad de consumo, con más amor a la madre naturaleza. O al menos, pensar que; a lo peor, si tenemos vida, desarrollaremos nuestro instinto de supervivencia y en alguna hipótesis feliz podemos reinventar un mundo mejor. Este pensamiento puede servir para que el miedo desaparezca, y si no tenemos miedo de lo que viene, podemos volver a ser optimistas y eso será el recurso más potente para poner en marcha el mundo ahora paralizado. Si perdemos el miedo hablaremos y si hablamos igual conseguimos denunciar lo que está pasando con la voz alta y clara y empezamos a dibujar el mapa del mundo de otra manera. 

Hay una línea que han trazado los supuestos poderosos por encima de los Pirineos y por encima de los Alpes y por encima de los Balcanes, para que todos los países que estamos debajo, esos países que tenemos la osadía de cenar después de la ocho de la tarde, estemos un poco por debajo de la velocidad de los que empiezan a cenar a partir de las cinco.  Como decía mi amiga, estos de más arriba de los pirineos, nos están poniendo el pie y apretando hacia abajo a ver si caemos en áfrica…que no es mal lugar donde caer,  sino fuera porque estando abajo, entras en la categoría del hemisferio sur, y eso ya da el derecho a explotarte y saquearte y hacerte bailar al ritmo de los fuertes. Puede que regimientos de europeos de las Pirineos, Alpes y Balcanes arriba, quieran explotar nuestro sol y nuestro saber vivir… jubilados que estando bien tranquilos por el sustento de sus herederos y las economías de sus países montan sus vacaciones en España dando una envidia supina a los sufridos españoles que vemos como se lo montan muy requetebién mientras nosotros trabajaremos hasta los 67 años y todos calvos.

Mientras tanto uno piensa en irse ya, por voluntad propia a áfrica, al menos irte te garantiza algunas cosas; que se pueden aprender los valores de la lucha por la supervivencia de forma más efectiva, pues sus gentes llevan toda la vida entrenando,  que si tienes un hijo adolescente puede que no sea haya construido con los valores de grandes hermanos; que se pueden resumir en ganarse el chusco, sin nada más que hacer que poner su incultura a la vista de todos… y sus acciones en la palestra mediática. Además, tendrás que pagarte tu atención médica, exactamente igual que todo el mundo -  esto no es positivo - pero peor es vivir en un país donde, el hecho de que una persona esté enferma no es suficiente razón para que le receten unos antibióticos sino que debe tener, además, no sé qué legalidad para que le atienda un médico. Dicho sea de paso que yo si fuera médico atendía a todo el mundo y hasta trapichearía camas de hospital si fuera necesario, pues no concibo un ser humano que no pueda ser atendido en el dolor de una enfermedad.

Pero soy optimista porque así debe ser, del optimismo saldremos fuertes para luchar denunciar y ayudar a las familias que lo necesiten y crear un mundo mejor. Es cierto, que ahora salen casi todos los días, premios nobeles escribiendo en los periódicos cuál es el camino para salir de esta crisis de todo, y una los lee con pasión, a pesar, que se detecta, que no hay acuerdo y que no hay quien quién sepa por donde tirar, con el añadido que si el escritor premio nobel, es de economía, no se entiende nada de su discurso, al menos yo, no entiendo nada. Pero con optimismo y solidaridad;  saldremos adelante!, porque si algo sí que he entendido de los discrusos encriptados de economía que escucho cada mañana en las noticias es que parece ser que hay mucha “psique” en esto de la economía, esta no-realidad llamada los “mercados” parece que se deprime y se alegra por pensamientos positivos y negativos como los propios seres humanos…

jueves, 24 de noviembre de 2011

Una silla vacía en la esquina de la plaza

Desde que llegué al barrio, ahora hace diez años, veo por las mañanas una silla vacía en una esquina de la plaza. Confieso que esa silla vacia por las mañanas me impresiona. Me impresiona porque nadie la toca. Esa silla tiene el profundo respeto de los que la rodean, de todos los que por allí pasamos.  La verdad es que no siempre ha sido una silla. Hubo un tiempo que era un sofá granate de una plaza. Otro tiempo fue el asiento de un coche que dejó de estar delante del volante. Otrora fue también una silla pero de madera - de aquellas almohadilladas con escay verde-, ahora es una silla de plástico blanco, de las de terraza. Su respaldo imita antiguos trabados artesanos de anea. Mañana puede ser otro modelo. Quién sabe...

En general, aquellos escenarios donde tiene haber personas, y no las hay me producen siempre un estremecimiento. Así quedaron grabadas en mi mente las calles del centro de Madrid en la película abre los ojos, o las gasolineras vacías de la serie walking dead, o aquella atmósfera impresionante del dia después del fin del mundo que recreaba Manuel de Pedrolo en su Mecanuscrito del segundo origen, donde quedaron solos en el mundo un jóven negro que se llamaba Dídac y Alba "verge i bruna".  La sensación de extrañeza puede que sea provocada porque tenemos una expectativa clara para cada escenario concreto, y lo que imaginamos repleto de movimiento y ruido, no lo comprendemos tan rápidamente si está vacío y silencioso. Al contrario también sucede, existe una traición a nuestra expectativa en el jacuzzi del spa, cuando lo esperas relajante y tranquilo y lo encuentras relleno de dos familias enteras dentro de la misma bañera redonda. Aunque ésta segunda escena está más cerca del enojo que de la extrañeza.

A la silla vacía también se le atribuye, al menos, una persona sentada. Si trancurre el dia y llega la tarde la silla está ocupada, a veces por el patriarca, a veces por su mujer, a veces por los chiquillos, a veces por todos a la vez, muchas veces por todos los miembros de la familia extensa que han traido sus propias sillas, que luegon retiran, no sé porqué, pues entrada la noche allí solo suele quedar una única para la mañana siguiente. Pero cuando la silla es un elemento de comodidad para los que disfrutan del fresco, la familia y el barrio, no me genera ninguna sensación extraña, más allá de estas reuniones en la calle me parecen un canto a la vida.

La sensación extraña es algo que se queda ahí, en el aire, sólo cuando la silla está vacia. Es esa magia de la extirpe y de la raza, donde el respeto se respira por las fosas nasales que huelen claramente a que esa silla tiene un dueño, y el dueño pertenece a un mundo que es el mismo que el tuyo pero se torna diferente en el perímetro de esa silla. Así como las toallas que desde primera hora que guardan sitio, ellas solas,  en la playa de Salou, esperando a sus dueños que vendran junto con el sol del mediodia. La silla espera cada dia la magia del patriarca, que va y que viene, pero que tiene su sitio ahí y el que no pertenece al patriarcado no osa a retirar esa silla,  pues esa silla ofrece respeto aún en la ausencia de su sedente.

La silla me cuenta cada mañana que la todas la culturas son ricas en detalles y en matices, que mi barrio es una mezcla maravillosa de lenguas, de culturas, de acentos y de costumbres. La silla me dice cada mañana lo mismo que las alfombras colgadas en los balcones, que  un dia llegaron del desierto lejano, me dicen los mismo que las alforjas bordadas en piel que puedo adivinar colgadas en el garaje entrabierto de un artesano cambrilenc de toda la vida.  Todo ello me dice que el sello de un lugar es tan humano como universal, que lo físico de un lugar está marcado por las personas que  dejamos nuestra huella. Lo mismo que en otros lugares del mundo,  la silla del vendedor de cigarrilllos sueltos, la silla del guarda del parking cuando no está, el plato abandonado de quien da la comida a los gatos callejeros...son cosas que tienen dueño a pesar que esten allí dejadas libres en medio de la calle y qué mágicamente nadie toca, convertiéndose en el ámbito privado de los lugares comunes.

lunes, 13 de junio de 2011

Madurar a pesar de las gominolas y el sueño de los conciertos de rock



Con un bote de gominolas te regalan un politono, me he quedado extrañada y he pensado que si uno no acierta a comprender qué aporta a su vida un politono quizá es que porque ya no toca ir comprando botes de gominolas. Este nimiedad me ha hecho pensar que las cosas estaban cambiando mucho. Pero ayer  caí, por simpatías que te da la vida, en la eterna magia de los conciertos de rock y comprobé que hay cosas que permanecen igual.  Reviví todo ese baño de haces de luz y humos fabricados con olor a tienda de ropa y discoteca,  aquellas discos de las que apenas te queda un leve recuerdo.  Reviví esas explanadas sin asientos, que te acaban haciendo llevar tu noble trasero al suelo - aunque esto no es tan eterno, pues a los treinta y muchos te das cuenta, quieras que no, pues que; tomar el suelo por asiento "ya no es lo mismo", básicamente porque cuando tenías veinte años las lumbares no existían, ni en tu cuerpo, ni en tu diccionario de palabras al uso.

Sentí el embrujo de un Peter Pan ya adolescente.  Sentí de nuevo aquella magia de las cosas eternas... y el consuelo de que hay cosas que son como siempre. Cómo el irrefrenable impulso de las mujeres que han sido rebeldes a ponerse mallas negras. Aunque -cómo dice mi amiga -ésta es una conducta que se abandona de repente, un día cualquiera, cuando pasados los treinta te ves reflejada en un escaparate con una mallas negras a las doce del mediodía!!- la hora es un agravante-.

Comprobé que no han muerto aún esos tickets con el letrero “refresco” ó “cubata” utilizados para ahorrarle trabajo al camarero/a y puede que hurtos involuntarios propios  de manejar dinero en un entorno eufórico. Esos  amables camareros/eras que trabajan ágil para que no sufras la sed del noble deporte de animar a tu grupo. Sigue existiendo ese fan que siempre baila ska aunque suene un blues. Eterna es la estética de los técnicos de sonidos; estos no han sufrido cambio alguno respecto a aquellos que conocí hace veinte años. Los equipos Marshall, las stratocaster, los pedales y el bajista que se queja de que no se escucha a si mismo...

Eterna es también la ilusión que te hace que tu amigo sea el que toca la guitarra y por añadidura te salude desde el escenario. Hay cosas que nunca morirán, nunca morirá la pasión de los guitarristas que saltan contagiando la alegría y haciendo  que el público alce  la  mano  simbólicamente para dar  las gracias por poder saltar en esta vida, aunque solo sea los sábados por la noche - aunque hace falta precisar que el susodicho que salta puede que no tenga "aún" ni idea, de este simbolismo-y puede que, tal y como está el mundo laboral, pueda saltar todos los días y no sólo el sábado, pues no tiene donde ir a trabajar ningún día siguiente. Si el que salta se da cuenta de  la suerte que tiene de poder abandonarse al impulso del rock le esperan cuando amanezca unas agujetas de infierno, seguramente porque ya no es tan joven y conoce lo importante que es olvidarse de todo y abandonarse a la música en directo, un proceso  todavía artesano que requiere de la dedicación y el ensayo de almas entregadas a los acordes y que se fabrica al instante para tus oídos. Un lujo para una era donde hasta la lechuga  viene empaquetada.

Siempre existirá esa guitarra invisible que el bailongo del centro de la explanada toca sin parar marcando los acordes que le hubieran malsonado bastante si la guitarra fuera de verdad. Siempre existirán los que nunca abandonan la primera fila, ni decaen en silbar y animar a los músicos, y tampoco esa figura que lleva y trae la "birra para los músicos", siempre en mayores cantidades de la que beben los músicos porque se autoabastece como cobro del servicio ( supongo que los músicos siguen bebiendo). También perdura ese público periférico, que está, pero que no está, que necesita del concierto pero como fondo mientras, va y viene, a lo suyo, en extraños viajes, posiblemente a ninguna parte, posiblemente a cualquier parte, posiblemente siempre al mismo sitio. No se ha extinguido tampoco el despistado que no sabe qué grupo está tocando. Siguen existiendo diversas rockeras de vértigo, algunos tipos de las motos chopper, tatuajes visibles, cannabis en las esquinas, policías observando a lo lejos, la omnipresencia de la santa cerveza sin cuya participación nada sería igual y un trabajador de la seguridad de calibre magno.

Para los músicos y sus acompañantes existe esa sensación de estar en otro pueblo, de no saber qué hay dos calles más allá, esa sensación de tener que volver a casa, sin casi saber desde donde, entre la pereza y el agradecimiento de estar lejos de la rutina y saber que vuelves con tu grupo de amigos echando la cuenta de la noche, finalmente corta, y siempre intensa. A veces excesiva, a veces sosa, pero casi siempre excitante y en todo caso diferente a la anterior.

A pesar que una no entienda mucho de politonos agradezco que afortunadamente haya cosas que nunca cambian y que siempre están ahí. Aunque la canción que escuchas en directo pueda ahora subirse directamente por el iphone al facebook y quedar allí atrapada, e incluso convertirse en un politono con su toque de sonido enlatado que suena en los telefónos móbiles de los jóvenes muchachos,  una agradece que a pesar de la madurez -por años para no tener que  entrar en términos de juicio- a una todavía le sean familiares los procesos de la magia del rock and roll.


sábado, 7 de mayo de 2011

El indulto del gallo y el bolso de mi hermana

Todos sabemos que el solecito que aparece tras el invierno que es agradable y reconfortante y que parece que te acaricia la piel y te da salud es exactamente el mismo que nos abrasa en julio y nos quejamos de su tórrida visita diaria y nos hace anhelar nuestra nariz de cubito de un enero mediterráneo (que tampoco es mucho sufrir).

Así el mismo gallo que cada mañana te despierta para recordarte que hoy es un buen día para levantarte y trabajar y canta - parece que a propósito-  para dejarte sin la tregua de los "cinco minutos más"...[que no sé porqué son cinco, o diez para lo más avariciosos de sueño...siempre van los minutos como en manojos....porqué no ¿siete? o ¿nueve..?.estoy segura que al despertador le daría igual..]. Este mismo gallo que otrora te hizo pensar en el huevo que lo trajo al mundo, pues en un momento te cae simpático cuando escucharlo significa volver...volver a el olorcito de las sábanas de tu casa, a oír la risa de tu madre en la cocina. Si comparas el gallo con un martillo pneumático que todos los días taladra en la terraza de al lado porque tu vecino se ha vuelto picapedrero resulta que el gallo es un santo enviado directamente para que te suene a música del firmamento.

Por eso la felicidad está en la interpretación de los hechos, me refiero sólo a las cosas que tienen remedio, a las que no... es "gallo de otro cantar"  mencionando esta expresión puesto que de aves anda el gallinero. Para la felicidad hay que tener un bolso como el de mi hermana....es mágico como los cuentos universales...todo es posible que salga de ahí y no tiene fin. Cuando andaba por los veinte mis amigas y yo hacíamos concursos de bolsos, ganaba quien llevaba el objeto más extraño en el bolso. Más allá que siempre ganaba la misma persona por lo insospechado del objeto ....y porque el bolso era tan creativo como lo es su imaginación...La ganadora siempre iba un paso más allá de lo que es habitual encontrar en un bolso cómo los bono-metro caducados de la ciudad grande más cercana y cajas de cerillas con las señas de un viejo bar que cerró hace diez años y sin cerilla alguna...

El bolso de mi hermana es grande como el de muchas de las personas que cuidan y se cuidan, el bolso de mi hermana es la seguridad y el confort de los que le rodean...contiene píldoras para quitar tu dolor, contiene sabores con caramelos para adornar tus sensaciones, alimento con galletitas para saciar tu hambre y darte energía para caminar, siempre al frente y con determinación, agua en minibotellitas para saciar cualquiera que sea tu sed, chicles para darle a la vida un aliento fresco, sales de fruta para superar cualquier nudo en el estómago, una libreta para tomar nota de los momentos buenos y recordarlos cuando decaes, tiritas para encontrar una solución si la vida te roza o se te rompieron las gafas para ver el mundo con esmerada atención y entrega, la única forma de ver su belleza, contiene su bolso el don de dar y cuidar a los otros...y el don de tener un recurso a mano para vencer las dificultades del camino.

Así es la felicidad, llevar un bolso de soluciones, pero hay que darse cuenta que el bolso lo tienes que llenar tu primero de todo aquello que te puede ser útil para el paseo de tu vida. Nada sale de un bolso abandonado. Tampoco te sirve encontrarte un bolso lleno pues puede que no sea útil para lo que tu necesitas. Cuidaros mucho y indultad al gallo que os jode el sueño de la mañana pues se encarga de despertaros para que empezéis a llenar el bolso de todo aquello que te va a hacer fácil tu día, os despierta para que disfrutéis un día más de vuestra gran suerte y para que podáis ayudar a cambiar el mundo para mejorar la suerte de los que no la tienen.














sábado, 2 de abril de 2011

¿Eres de los que ven la televisión sentado o de los que ven la ven tumbado?

Antes de que empiece la campaña electoral para las municipales y a punto de acabar la campaña de inauguraciones, algunas normales y otras no tan normales - como la del sinaero_puerto de Castellón - y en una tarde de viernes y estrenando una primavera que apunta a convertirse en un verano suficientemente tórrido para que nos caliente más de una idea, pongo sobre la mesa una pregunta absolutamente innecesaria con la que está cayendo sobre los hogares y sobre el mundo entero. ¿Eres de los que ves la televisión sentado o de los que la ves tumbado?.  ¿Marca esto diferencias entre maneras de ser? ¿es una cuestión generacional? ¿hay diferencias de clase social? ¿hay diferencias culturales? (esto ultimo seguro, pues en una jaima no hay sofá). Si usted lector pretende hallar aquí una respuesta, puede  economizar el tiempo que le llevará leer lo que sigue.

Imagino a las mamás, de las de antes, las de delantal y de las que nunca tuvieron sirvienta, y de las que no llevan jamás una bata por casa excepto en lo más profundo de la noche y lo más temprano de la mañana, antes que ninguna alma casera las pudiera ver.  La imagino sentada con los brazos recogidos y mirando la tele en el sillón, a veces despierta a veces dormida pero jamás tumbada. 

Imagino al adolescente crecidito agotado porque pasó la noche estudiando o bailando (según el dia de la semana) tirado siempre en el sofá como "mantezuela" tapa tapicerias. O el mismo adolescente ese dia que se ha nutrido de catorce horas seguidas de sueño, y  quedó tan relajado que no pudo apenas despertar y sigue en horizontal para la película de las cuatro y quizá siga para la de las seis. El observador sabe que el adolescente sigue respirando porque el mando aparece de vez en cuando por debajo de la manta y apunta al televisor y dispara cambios de canal.

O imagino las jóvenes parejas que compraron el "chaise lounge", casi bajo amenaza del vendedor de muebles  y cómo obligación generacional,  para tirarse en esa parte del sofa y hacer imposible el acto de irse a dormir con la naturalidad que se debia hacer antaño, cuando nuestros abuelos se levantaban de la silla de al lado de la lumbre para enconderse entre sábanas frias (o precalentadas con carbón). Por cierto, ¿porqué las personas que se compran un sofá que se extiende siempre hacen una demostración de tal extensión al visitante ocasional, es curioso, nos encanta mostrar esa parte de la mecánica de la vida. ¿porqué será?.

Los que ven la televisión tumbados rara vez toman la decisión de irse a dormir, el dormir se convierte en una continuidad entre el programa preferido de la medianoche y los sueños mundanos de cada dia.  Los que ven sentados la televisión siempre con prestancia en la postura y atención sostenida seguro que más a menudo sí que deciden en que momento en que el dia ha acabado.

Y los adolescentes y las parejas del "chaise lounge", cuando van madurando y siendo más sabios y usando más crema hidratante anti-radicales libres -que vaya usted a saber si son libres o no-  ¿van pasando de ver la televisión tumbados a verla sentados? o no tiene nada que ver la edad...y resulta que eso se elige con un gen específico...es talante, es prestancia, es comodidad... O al revés, hay adolescentes que se sientan en el sofá sin perder la postura  para ver religisonamenete su programa de culto.

Más allá que habrá quien a veces ve la televisión tumbado, a veces, y sentado, otras, claro, seguro, pero como todo, seguro que una forma o otra genera costumbre y puede hasta que no tenga ningún significado. En todo caso, es divertido planteárselo, en una tarde de viernes, una tarde tranquila en que uno elige el sofá, la televisión, una pizza en vez de ir a la inauguración de un nuevo bar donde todos los amigos disfrutan de la tarde, ¿cómo estaran? ¿sentados en la terraza o de pie en la barra? ufff esto, para otro dia, porque habrá que plantearse si eres de barra o de mesa, igual depende si la cerveza viene con cena incorporada o no; igual también uno está sentado o tumbado para ver la televisión dependiendo del programa que ve, también puede depender de lo que uno está haciendo además de ver la televisión, navegar por internet, fumar...igual hasta depende de la comodidad del sofá, algunos sólo se pueden soportar tumbados. Por cierto, lanzo una pregunta a los que ven la televisión sentados o tumbados que me expliquen ventajas e inconvenientes o si existe una razón por la que lo hacen de una manera o de otra.  Necesito vuestros comentarios para saber si la ocurrencia diferencial del fenómeno es trivial o podemos montar una teoria divertida de diferencias individuales sobre el uso del sofá.






viernes, 25 de marzo de 2011

Una caja de fresas y el mundo hecho un batido


¡Cómo está el mundo!, resquebrajado por Japón, en guerra en muchos sitios que no ocupan ni un minuto en los  telediarios  – El Internacional Crisis Group alerta de 16 conflictos para este  2011 http://www.crisisgroup.org/en/publication-type/commentary/crisis-group-las-guerras-de-2011.aspx y eso que este grupo no habían contado las nuevas revueltas de los países árabes puesto que aún no habían acontecido, pues ponle 25.
Hemos presenciado cómo unos cazas han sobrevolado Libia de parte de los aliados – dícese de un grupo de países que tienen por costumbre  retransmitir por las televisiones de todo el mundo sus caídas de bombas con planos de luces verdes sobre fondo negro –. Estos han lanzado bombas como si fuera una delicada operación a corazón abierto. Una guerra muy extraña que se espera que desarticule la locura del opresor, que sea una solución, espero que lo sea…y no acaben los cazas “aliados” intentando meter su hocicos oscilantes en el pleno medio del territorio de decisión de los propios libios. Estas operaciones de los aliados, dan como miedo y despiertan hasta escepticismo por el hecho que nuestro gobierno de explicaciones  tan delicadas  y casi bonitas para un drama que no tiene nada de sencillo. ¿Y por qué otros  países también están oprimidos pero que no importan tanto?. También hay muchos problemas en Yemen y nadie los ve. Ahora EEUU quiere ceder el mando…. cuando al final lo que suele importar es lo llamado geoestratégico y casi nada de todo lo demás… y que hace ya tiempo ya nadie cedia el mando de nada...¿puede ser que el mundo esté mejorando y la guerra sea para ayudar de verdad?. No puedo ni imaginarlo.
Además por si faltaba decoración, el mundo vive con una amenaza nuclear, y tras esto resurgirá el nuevo debate sobre las nucleares que nos caerá encima y que está por venir. Entonces pienso…Imagínate un país, donde no haya petróleo para evitar meter las narices en otros países con el fin de preservar los barriles que nos tocan y sin energía nuclear para evitar catástrofes que nos amenacen. Imagínalo! No, no puedes! No puedes imaginarlo.
Es cómo cuando se va la luz e intentas iluminarte con la luz del móvil, pero no ves dónde está, no lo encuentras, y para buscarlo y intentas llamarte con el fijo pero ya no es analógico y no funciona sin electricidad!!!.
Imagina que te levantas y el termo no funciona, ni el secador, ni la tostadora, ni lo que es peor, no funciona la Nexpresso!!! Y el jamón del bocadillo tiene que salir de una  alacena – que un porcentaje de población ya no sabe lo que es -  que es donde se guardan los productos al fresco porque no tienes nevera.  Lo del ordenador, no sé, puede que se pueda inventar algo que recargue la batería pedaleando como las máquinas de coser antiguas, pero sin duda, tu trabajo habrá cambiado mucho sin nada para enchufar, piénsalo. Bueno, mis amigos que trabajan en el tribunales de justicia igual no lo notan tanto o, ¿ya les llegó la informática? – es broma y perdón, se puede llamar al servicio de aludidos-. En todo caso, todas las organizaciones que hubieran conservado sus expedientes en papel tendrían una ventaja competitiva!!.
Otra cosa es, ¡cómo ibas a llegar al trabajo!, quieran tus pies que tu trabajo no esté demasiado lejos de tu casa. Mi padre, que en paz descanse, recorría 40km en bicicleta para ir a trabajar. Él nunca necesitó pagar por una clase de spinning, por cierto, la clase de spinning deberá tener tocando músicos en directo, pues no se podria enchufar el reproductor de compact disc.  
Tienes que encender la estufa para la calefacción, pero no te olvides que la motosierra para cortar leña necesita fuel para funcionar.  En fin, sin electricidad ni gasóleos, habría tantos cambios que asumir, desde el hielo picado del mojito en verano, hasta cómo llenar la sobremesa del fin de semana sin esas pelis de las televisiones gratuitas donde sabes quién es el asesino a los tres minutos del inicio.
Esto es exagerado, por supuesto, dado que podríamos plantar todo el país de molinos o techar toda la ciudad con placas solares y volver a tener la energía suficiente. Aunque, aún así, igual solo podríamos tener la electricidad por turnos.  Ironías a parte, es verdad que llegado el momento, deberíamos utilizar el viento, el agua y el aire con la imaginación que nuestros antepasados ya tuvieron, a lo Robison Crusoe, tipo, esas historias y películas del mito “sólo en una isla desierta”, donde sin luz, ni petróleo, desarrollan un complejo de cabañas que ni un destino turístico de Samoa tendría nada que envidiar.
¿Podríamos volver a lo básico?, hay un movimiento norteamericano “back to the basic”,  formado por personas que se han dado cuenta de la velocidad a la que nos lleva el desarrollo y supongo que han querido bajarse un poco de un mundo tan veloz. Tan consumidores que somos de tantas cosas…¿podríamos vivir de otra manera? ¿Tendríamos suficiente placer con la contemplación de la belleza una caja de llena de fresas, con el aroma a café hervido a la lumbre, con el olor del pan tostado amasado en casa, con ver amanecer alguna vez, con leer a la luz de una vela y con conversar largamente con un viejo amigo rompiendo el piar del cuco de la nueva primavera y oyendo lejanas las notas del vecino que canta y toca las cuerdas de una vieja guitarra anhelando su aparato digital de 80 canales?. Igual de pasada, aprendíamos a cultivar, a escuchar el pálpito del planeta, a cuidarlo y a dejar que nos cuide.
En todo caso,  estamos seguros que esto no va a pasar, porque para que el mundo se quede hecho un batido, sin que nada conserve su formato original, tendría que….acaecer un terrible terremoto y un tsunami que provoque una catástrofe nuclear y unas cuantas guerras y todo a la vez…uixxx yo no sé si quedarme tranquila.